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¿Por qué es divertido aprender mediante la intervención ABA?

En este artículo queremos explicarte cómo tu peque va a divertirse mientras aprende mediante la intervención ABA. El elemento fundamental de diversión en el método ABA es el reforzador, así que empecemos viendo qué significa el concepto de reforzador y reforzamiento.

El concepto de reforzador y reforzamiento

Inicialmente, veamos cuál es la diferencia entre los conceptos de reforzador y reforzamiento.

El reforzador es el estímulo responsable de que se produzca el aumento de una determinada respuesta en la persona (Coopeer, Heron & Heward, 2017). En otras palabras, un reforzador es algo agradable para la persona que producirá que aumento de una determinada respuesta, en nuestro caso, esta respuesta será un nuevo aprendizaje.

Algunos ejemplos de reforzadores son: escuchar música, bailar, jugar con la pelota, jugar con un tren de juguete, hacer un rompecabezas, jugar con un juguete musical, ir en bici, jugar con plastilina, o similares. Por este motivo, el reforzador para tu hijo o hija serán esos juguetes o actividades que sabes que tanto le gustan.

Cada persona tiene sus preferencias, por ello, lo que sirve de reforzador para una persona, puede que no funcione para otra. Entonces, ¿cómo logramos que la respuesta de una persona aumente gracias a un reforzador?, en otras palabras, ¿cómo logramos enseñar nuevos aprendizajes a un niño o niña usando sus juguetes y actividades favoritas?

Podemos lograrlo mediante el reforzamiento o reforzamiento positivo que es una relación funcional y se define por una contingencia de dos términos:

Una respuesta que es seguida inmediatamente por la presentación de un estímulo y como resultado, respuestas similares se producen con mayor frecuencia en el futuro (Coopeer, Heron & Heward, 2017).

A fin de comprender mejor esta definición veamos el siguiente ejemplo:

Elena, que tiene 3 años, está aprendiendo a nombrar la imagen de una vaca.

El familiar le muestra la imagen de la vaca al mismo tiempo que le dice: “¿Qué es?” y Elena responde: “vaca”. Después de su respuesta, rápidamente el familiar le entregará una muñeca, que es uno de los juguetes favoritos de Elena.

En este ejemplo podemos ver que, la respuesta (“vaca”) va seguida inmediatamente por la presentación del reforzador (“la muñeca”).

Este reforzamiento de la respuesta de Elena mediante la entrega de la muñeca, producirá que aumente la frecuencia en un futuro de que cuando el familiar le muestre la imagen de la vaca para que Elena la nombre, Elena diga “vaca”.

Debemos destacar que, cuando entregamos el reforzador, no estamos reforzando a la persona en sí, sino que estamos reforzando a la conducta o comportamiento que emite la persona. Es decir, que cuando le entregamos la muñeca a Elena, no estamos reforzando a Elena, sino que estamos reforzando la conducta de Elena de nombrar la imagen de la vaca.

Por lo tanto, cuando nos referimos al reforzamiento, nos referimos a la presentación de un estímulo agradable que se produce inmediatamente después de una conducta o comportamiento y que contribuye a aumentar la probabilidad de que esa conducta se repita en el futuro. Por este motivo, el aprendizaje mediante el método ABA es muy divertido, dado que después de que el niño o la niña responda o realice el comportamiento que el familiar le solicita, accede a jugar con el juguete o actividad que tanto le gusta.

Ahora que hemos visto la definición de reforzador y reforzamiento veamos algunas ideas de como hacer un uso eficaz de los reforzadores durante la sesión de intervención.

¿Cómo hacer un uso eficaz de los reforzadores durante la intervención?

Utilizando reforzadores variados

Un primer punto importante es que deberemos utilizar reforzadores variados. Durante la sesión de intervención, se debe ir cambiando el objeto o actividad que se utiliza como refuerzo. Esto es importante dado que si presentamos en exceso un reforzador específico es mucho más probable que disminuya su eficacia debido a la saciedad.

Esto se puede entender más fácilmente con el siguiente ejemplo: si durante una sesión de intervención de 2 horas, únicamente utilizamos un tren de juguete, realizado el mismo juego, durante las 2 horas, es muy probable que al final de la sesión, el peque ya no se emocione por jugar con el tren.

Por lo tanto, es importante ir variando los reforzadores a lo largo de la sesión, esto puede permitir que juguetes o actividades que son menos preferidos para el peque, funcionen como reforzadores.

También, se debe intentar hacer variaciones en una de las propiedades de un reforzador, dado que de este modo lograremos mantener su potencia reforzante por un tiempo más prolongado. Veamos algunos ejemplos: si a un niño le gusta escuchar música, se puede probar de ir cambiando las canciones de manera que no siempre escuche la misma canción, o si por ejemplo a una niña le gusta jugar con un coche, no siempre tiene que jugar con el coche por la carretera que tiene, sino que pueden probar de jugar con el coche por toda la casa, o jugar con a hacer carreras de coches o similares.

Reforzar cada oportunidad de aprendizaje

Se debe reforzar cada comportamiento que ocurra inicialmente, es decir, cada ocasión en la que aparece el comportamiento que queremos que el peque aprenda, deberemos reforzarle. De este modo, lograremos que ese nuevo aprendizaje que nuestro peque está haciendo se fortalezca y lo logre aprender más rápidamente.

Acompañar el reforzador de elogios

El reforzador debe ir siempre acompañado de alabanzas o elogios por parte del familiar. Este punto es muy importante, porque para tu hijo o hija, la atención o elogio de un familiar cercano es algo muy valioso, es por este motivo que siempre que entreguemos un juguete o actividad también deberán acompañarlo de un elogio.

Tipos de elogios a realizar

Generales: por ejemplo: “¡qué buen trabajo!”, “¡qué bien lo has hecho!”, “¡qué rápido respondiste!” o similares.

Específicos: estos se caracterizan por ser elogios que incorporan una breve descripción que hacen referencia al comportamiento que ha realizado correctamente el peque. Veamos algunos ejemplos de elogios específicos: “¡qué bien que has dibujado el caracol, “¡qué bien que me has mirado!”, “¡qué bien que has armado el rompecabezas!”, o similares.